Me sorprenden, aunque no debería, las declaraciones de Pablo Iglesias en las que pretende distinguirnos a unos socialistas de otros; los malos de los buenos; los que, según su estrategia, apoyan al Partido Popular y los que no.
Desde el inicio, incluso antes de conocerse los resultados arrojados por las urnas, los socialistas hemos dicho alto y claro NO a ningún pacto con el Partido Popular; a Pedro Sánchez le bastaron 20 minutos para decir a Rajoy que no habría acuerdo posible... Él, Pablo Iglesias, el de Podemos, necesitó hora y media de confesiones, y el aderezo de una rueda de prensa en Moncloa para, de nuevo, despotricar contra el Partido Socialista; y es que él, Rajoy, el del Partido Popular, ya le dijo a Pablo Iglesias, el de Podemos, que iba bien ( como la España de Aznar).
Al fin y al cabo, Pablo Iglesias tiene que contentar a todas las marcas que se han presentado auspiciadas bajo el paraguas morado cardenalicio que él preside, y los socialistas solo tenemos frente a nosotros el dañado horizonte del interés general de la ciudadanía: a eso nos debemos y en eso estamos. Como siempre.

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